miércoles, 21 de mayo de 2008

Nómada en el exilio. Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu



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En el poemario de Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu resuenan con rotundidad las voces que gritan en el desierto, en la hamada argelina, el peor trozo de tierra del planeta. En los poemas recogidos en la obra, transpiran los sueños de libertad del pueblo saharaui, con versos enérgicos y vitalistas, como los colores de las melhfas que visten sus mujeres en el desierto. Una incombustible esperanza insospechada en aquellos que sobreviven cargados de dignidad y atravesando innumerables mares rojos en el inhóspito desierto, resurgiendo una y otra vez a las embestidas de todas las plagas bíblicas.


Autor: Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu
Edita: Asociación Cultural Almenara, Marbella
Año de publicación: 2008
Encuadernación: 3. Blanda
Número de páginas: 57 páginas
Dimensiones: 15 x 21 cm
Depósito Legal: Ma-185/2008
Lengua (idioma): Castellano


Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu

Nació en Amgala, Sahara Occidental, en 1968. Es licenciado en Lengua española y Literatura por el Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río, Cuba.Actualmente vive en España y ha participado en las antologías de poesía saharaui contemporánea “Añoranza” (Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de las Islas Baleares, 2002), “Bubisher” (Editorial Puentepalo. Las Palmas de Gran Canaria, 2003), “Aaiun, gritando lo que se siente” (Universidad Autónoma de Madrid, 2006), “Um Draiga” (Diputación de Zaragoza y Um Draiga, 2007) y “31” (Editorial Sombrerete y Sandblast, 2007)
La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria publicó su poemario “Voz de fuego” en 2003. En 2008 se ha publicado su nuevo poemario “Nómada en el exilio”.
Es miembro fundador de la "Generación de la Amistad saharaui".



Llegado el momento...

Llegado el momento
hemos de volver
a buscar las huellas
que alimentaron
la voracidad del viento.
Los aromas
que se disiparon
entre las densas tardes
de inciensos invasores.

Qué queda...
después de las huellas,
después de los aromas.

Sólo la añoranza
de volver a lo que el tiempo
desterró para siempre de nuestras miradas.

Qué queda...

Sino vestigios
de una vida abandonada.
Una pala de sepulturero.
Y un montón de piedras que
señalan las fronteras de la muerte.

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